| Contra lo que pudiera suponerse, la
Corona Española nunca fue pródiga en el otorgamiento de armas ciudades, villas o
pueblos de México y aún del resto de América. Varias de nuestras capitales |

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provincianas
mexicanas, a pesar de su antigüedad, carecen de escudo representativo, aunque no faltan
aquellas que han creado y adoptado uno nuevo en años más o menos recientes.
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El 18 de agosto del presente año, el
Escudo de Armas de la ciudad de Mérida cumplirá 381 años, lapso durante el cual los
meridanos -gobierno y pueblo-, lejos de dejarlo caer en el olvido, lo hemos convertido en
algo muy popular y muy nuestro, al grado de que no es fácil hallar otra ciudad de la
provincia mexicana cuyo blasón de armas goce de tanta popularidad y preferencia, cual es
el caso del emeritense símbolo del León y del Castillo.
El escudo de Mérida es muy
posterior a la fundación de nuestra ciudad, ocurrida en 1542. Por ello, no llegó a ser
conocido por Montejo ni sus hijos, tocando a sus nietos y bisnietos ser testigos de su
otorgamiento, setenta y seis años después de haber sido erigida la nueva urbe emeritense
en la vieja metrópoli maya de T'ho.
Quizás demasiado prematuramente,
el 14 de junio de 1543, apenas año y medio después de la fundación de Mérida, el
Cabildo Municipal intentó que la Corona Española concediera título a la ciudad, así
como escudo de armas. La petición iba acompañada de un diseño heráldico que ellos
sugerían: "Un escudo de oro con cuatro torres y en medio una de homenaje. En cada
torre y en la del homenaje, un estandarte colorado, armadas las torres sobre cuatro leones
con sus cabezas afuera, en memoria de la conquista y población de esta tierra".
Ninguna de aquellas dos peticiones fue entonces concedida, y para ello fue necesario
esperar muchos años más.
La primera de dichas solicitudes,
es decir la del título de ciudad, se hizo realidad hasta el 30 de abril de 1605, en
virtud de un Real Privilegio otorgado por el Rey de España Don Felipe III, para honrar el
nacimiento de su hijo primogénito el Infante y futuro Rey Felipe IV. La titulación de
"Muy Noble y muy Leal Ciudad de Mérida" es, pues, más antigua que el escudo
mismo, que no fue otorgado sino algunos años después.
El 18 de agosto de 1618, el mismo
monarca firmaba, en San Lorenzo el Real, el anhelado Real Privilegio de Armas a Mérida de
Yucatán de las Indias, "en premio a su fidelidad y buenos servicios", en los
siguientes términos: "He tenido por bien y por la presente hago merced a dicha
Ciudad de Mérida, de la dicha Provincia de Yucatán, de que ahora, y de aquí en adelante
haya y tenga por sus armas conocidas un escudo con un león rampante en campo verde y un
castillo torreado en campo azul, según va aquí pintado tal como este...".
Una descripción completa del
escudo de Mérida, entendible para todos, es la siguiente: Escudo partido en pal, esto es
verticalmente de arriba a abajo, en dos cuarteles iguales. El primero (izquierda) en campo
azur (azul) ostenta un castillo de oro, y el segundo (derecha) un león rampante de oro en
campo de sinople (verde). El escudo va timbrado, es decir rematado en su cúspide, con
corona real abierta. La forma o contorno del escudo corresponde al estilo heráldico
español: cuadrilongo con su base redondeada.
En cuanto a las figuras centrales
del escudo, debe señalarse que el castillo se caracteriza en heráldica por tener tres
torrecillas almenadas, destacando la central por su mayor altura. El león está
representado en posición de rampante, es decir en actitud feroz de atacar, enderezado
sobre sus patas, con las manos levantadas mostrando sus garras y las fauces abiertas de
las que sobresale su lengua encorvada.
En la simbología heráldica, el
castillo denota grandeza, poderío y tenaz resistencia ante el enemigo, y el león, rey
del mundo animal, valor, fuerza y majestad, así como noble espíritu guerrero. Se
considera que tales virtudes pusieronse de manifiesto en ambos bandos -indígenas y
españoles- durante las épicas jornadas de la conquista de Yucatán.
La corona, de aparente diseño
real que timbra el escudo meridano, es la que acostumbran conceder los monarcas hispanos a
todas las armas municipales y provinciales de España y sus territorios de ultramar.
Unas palabras sobre los colores y
metales heráldicos a los que se atribuyen diferentes simbolismos. El oro, rey de los
metales, habla por sí mismo, proclamando realeza, brillantez, etc. El azul es lealtad,
justicia, hermosura y serenidad, en tanto que el verde, color de la esperanza, encarna
también la libertad y la intrepidez.
A través de los años, el escudo
de Mérida ha sufrido diferentes modificaciones, más bien agregados, que se manifiestan
en dos nuevos elementos que no forman parte del diseño original del siglo XVII. Ellos
son: el título de "Muy Noble y muy Leal Ciudad de Mérida" que suele ponerse en
larga cinta ondulada en la parte inferior-exterior del blasón, y las dos ramas cruzadas
de olivo y laurel, en el mismo sitio, que comenzaron a figurar en los inicios del actual
siglo XX. Ambos elementos, aunque ajenos al diseño original, no alteran el armonioso
conjunto heráldico emeritense y hasta puede decirse "que le quedan bien". Por
otra parte, debe considerarse que ya pasaron más de tres generaciones de ciudadanos
meridanos acostumbrados a ver su escudo en dicha forma y, como dice el refrán, la
costumbre es ley.
Desgraciadamente, hay otra clase
de alteraciones: las deformaciones, que son inaceptables en el escudo de Mérida. La
principal y más común es esa especie de anti-estética terraza que suele ponerse en su
parte inferior para servir de sostén al castillo y al león, y a veces figura estar
integrada con piedras de sillería, ladrillos u ondas de agua... El león y el castillo
del escudo meridano deben lucir libres, sin ningún pegoste o agregado, ocupando todo el
espacio de sus respectivos cuarteles. Otras deformaciones: alterar caprichosamente la
forma o contorno del escudo y hasta el diseño de la corona, que algunos
"artistas" convierten en algo parecido a las coronas de fantasía del Carnaval.
Error común es también ponerle coronita a la cabeza del león.
Debe ser frenada rigurosamente la
"genialidad" de ciertos autores que pretenden agregar nuevos elementos o adornos
al escudo de Mérida, cuyo diseño debe apegarse estrictamente al de la Real Concesión de
1618, cuyo manuscrito original se conserva en el Archivo de Indias de Sevilla, España.
Aunque el dibujo a colores de dicho documento es minúsculo, goza de suficiente claridad
para mostrar como debe pintarse, grabarse o tallarse el escudo de Mérida.
En otros tiempos, el Ayuntamiento
de Mérida conservó el pergamino original iluminado a colores y en tamaño adecuado del
escudo meridano que, cual costumbre de la época, solía enviar la Corona Española a las
ciudades que había honrado con blasón de armas. Desgraciadamente, dicho pergamino
desapareció misteriosamente a mediados del siglo XIX, ignorándose hasta hoy su paradero.
A pesar de tal carencia, todavía
se conservan viejas reproducciones del escudo de Mérida, en el siguiente orden
cronológico:
I.- El ya citado pequeño dibujo
del Archivo de Indias, fechado en 1618, año de su otorgamiento.
II.- El que aparece impreso en
blanco y negro en la obra titulada: "Teatro Eclesiástico" del Maestro Gil
González Dávila, Cronista Mayor de las Indias, editada en Madrid en 1649 y en la que el
autor reproduce los escudos de armas de casi todas las provincias de Nueva España y
América Hispana.
III.- El vetusto escudo de
Mérida, esculpido en piedra, que el Ayuntamiento meridano conserva en el interior del
Palacio Municipal de esta ciudad, empotrado en la pared frontal de la gran escalinata
central que conduce a la planta alta del edificio. Este antiguo escudo, sin fecha ni
inscripción alguna, procede de la vieja Ciudadela de San Benito, en cuya muralla oriental
estuvo incrustado durante buena parte del siglo XVII, el XVIII y gran parte del XIX. En
1869, el Obispo Carrillo y Ancona lo rescató de los restos de dicho castillo, tras una de
sus primeras demoliciones, y lo llevó a su museo particular, convertido después en Museo
Arqueológico de Mérida, donde permaneció muchos años. En la reciente década de los
años setentas, fue instalado en la fachada del Portal de Granos, luciendo allí por
algún tiempo, antes de ser trasladado al definitivo lugar que hoy ocupa.
IV.- El gran escudo de Mérida,
labrado en lo alto del pórtico de piedra llamado Matadero Viejo o Rastro colonial, que
estuvo ubicado en el ángulo de las calles 66 y 67 de esta ciudad, y que fue demolido en
1941. Desmontado piedra a piedra, el pórtico fue llevado en 1942 al Parque del Centenario
en cuyo costado Sur (calle 65 Poniente) fue armado nuevamente y puede ser hoy admirado en
toda su plenitud. Dicho escudo, acompañado de larga inscripción, revela su edad: Año
del Señor, de 1720, cuando en España reinaba S.M. el Rey Don Felipe V y gobernaba la
Península de Yucatán el Capitán Gral. Don Juan Joseph ~~Vertiz y Ontañón.
V.- Los escudos de Mérida que
aparecen en dos medallas conmemorativas de los años 1724 y 1788, la primera de las cuales
se conservaba en el antiguo Museo Arqueológico e Histórico de Yucatán, ubicado frente
al costado Norte de la Catedral de Mérida, sobre la calle 61.
Diferentes escudos de Merida, de
años muy posteriores, adornan algunos de los edificios y monumentos de esta ciudad,
destacando por su belleza el que luce la estatua de Justo Sierra en el Paseo de Montejo,
artísticamente fundido en bronce (año de 1906), y la pareja de escudos meridanos
finamente moldeados en estuco, que engalanan el pórtico de entrada al Parque del
Centenario, inaugurado en 1910. En dichos escudos ya se observan, agregadas, las ramas de
olivo y laurel.
La popularidad del escudo de
Mérida es innegable, ya que desde antaño ha figurado en toda clase de impresos y objetos
de la vida diaria, v.gr. en encabezados de viejos periódicos, billetes de banco, naipes,
emisiones numimásticas, marcas de fábrica de cervezas, cerillos, refrescos y
aguardientes locales, sellos postales, bordados, uniformes deportivos, banderines, ornato
de parques y jardines, alhajas esmaltadas, souvenirs, etc., etc., sin dejar de mencionar
el uso oficial que le han dado las autoridades municipales y hasta estatales. Por todo
ello y otras razones, los meridanos debemos conservar la imagen fiel de nuestro escudo
urbano, velando siempre por su correcta y decorosa representación.
Nota.- El presente trabajo
constituye sólo un extracto de nuestro libro "El Escudo de Armas de la Ciudad de
Mérida", con numerosas ilustraciones, que fue editado por el Ayuntamiento de Mérida
de 1978. Dicho libro se encuentra hoy totalmente agotado, siendo necesaria su re-edición,
debidamente corregida y aumentada.
(*) Integrante del Consejo de
Cronistas de la ciudad de Mérida.
Por: Diario de Yucatán / Adaptación de
Cityview