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Bebidas Yucatecas
| Leyenda de las bebidas típicas de
Yucatán |
Balché
Bebida típica que se dice fué creada
gracias a una historia de amor entre una
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joven llamada Sak-Nicté ( Flor
Blanca) y un joven guerrero de su misma tribu. Pero había un inconveniente ya que dada la
belleza de esta joven cautivó a un cruel y viejo cacique. Los jóvenes temieron que el
viejo los separara y huyeron a la selva del Mayab donde hallaron refugio. Un día buscando
alimento encontraron un panal de abejas del cual extrajeron rica miel y la depositaron en
la corteza de un árbol llamado Balché; al anochecer cayó la lluvia y se
mezcló con la rica miel dando lugar a una exquisita bebida. El Cacique se dedicó a
buscar a los jóvenes hasta que dió con ellos y al ver el fin muy cerca el joven guerrero
le pidió que aceptara una gran comida a lo que el cacique accedió. Se preparó un gran
festín y al finalizar éste le ofrecieron la dulce y rica bebida de miel. El cacique
quedó extasiado con aquella bebida y decidió dejarlos libres con la condición de que le
dieran la receta. Desde entonces, la miel se utiliza mucho para la preparación de ese
delicioso licorcillo fermentado que se comenzó a beber en los rituales.
Xtabentún
Cuenta la leyenda que vivían
en un cierto pueblo de la península yucateca dos mujeres siendo el nombre de una de ellas
Xkeban o mejor decir su apodo ya que Xkeban quiere decir prostituta, mujer mala o dada al
amor ilícito. Decían que la Xkeban estaba enferma de amor y de pasión y que todo su
afán era prodigar su cuerpo y su belleza que eran prodigiosos, a cuanto mancebo se lo
solicitaba. Su verdadero nombre era Xtabay.
Muy cerca de la casa que ocupaba esta bellísima mujer, habitaba en otra casa bien hecha,
limpia y arreglada continuamente, la consentida del pueblo que llamaban Utz-Colel, que en
la traducción hispana sería mujer buena, mujer decente y limpia. Erase esta mujer la
Utz-Colel, virtuosa y recta, honesta a carta cabal y jamás había cometido ningun dezlis
ni el mínimo pecado amoroso.
La Xtabay tenía un corazón tan grande, como su belleza y su bondad la hacía socorrer a
los humildes, amparar al necesitado, curar al enfermo y recoger a los animales que
abandonaban por inútiles. Su grandeza de alma la llevaba hasta poblados lejanos a donde
llegaba para auxiliar al enfermo y se despojaba de las joyas que le daban sus enamorados y
hasta de sus finas vestiduras para cubrir la desnudez de los desheredados.
Jamás levantaba la cabeza en son altivo, nunca
murmuró ni criticó a nadie y con absoluta humildad soportaba los insultos y
humillaciones de las gentes.
En
cambio bajo las ropas de la Ut-Colel se dibujaba la piel dañina de las serpientes, era
fría, orgullosa, dura de corazón y nunca jamás socorría al enfermo y sentía
repugnancia por el pobre.
Y ocurrió que un día las gentes odiosas del pueblo no vieron salir de su casa a la
Xkeban y supusieron que andaba por los pueblos ofreciendo su cuerpo y sus pasiones
indignas. Se contentaron de poder descansar de su ignominiosa presencia, pero
transcurrieron días y más días y de pronto por todo el pueblo se esparció un fino
aroma de flores, un perfume delicado y exquisito que lo invadía todo. Nadie se explicaba
de dónde emanaba tan precioso aroma y así, buscando, fueron a dar a la casa de la Xteban
a la que hallaron muerta, abandonada, sola.
Más lo extraordinario era que si la Xkeban no estaba acompañada de personas, varios
animales cuidaban de su cuerpo del que brotaba aquel perfume que envolvía al pueblo.
Entrada la Utz-Colel dijo que esa era una vil mentira, ya que de un cuerpo corrupto y vil
como el de la Xkeban, no podía emanar sino podredumbre y pestilencia, más que si tal
cosa era como todos los vecinos, decían, debía ser cosa de los malos espíritus, del
dios del mal que así continuaba provocando a los hombres.
Agregó la Utz-Colel que si de mujer tan mala y
perversa escapaba en tal caso ese perfume, cuando ella muriera el perfume que escaparía
de su cuerpo sería mucho más aromático y exquisito.
Más por compasión, por lástima y por su deber social, un grupo de gentes del poblado
fue a enterrar a la Xkeban y cuéntase que el día siguiente, su tumba estaba cubierta de
flores aromáticas y hermosas, tan tapizado estaba el túmulo que parecía como si una
cascada de olorosas florecillas hasta entonces desconocidas en el Mayab, hubiera caído
del cielo. La tumba de la Xkeban duró todo el tiempo florecida y olorosa.
Poco después murió la Utz-Colel y a su entierro acudió todo el pueblo que siempre
había ponderado sus virtudes, su honestidad, su recogimiento y cantando y gritando que
habia muerto virgen y pura, la enterraron con muchos lloros y mucha pena.
Entonces recordaron lo que había dicho en vida acerca de que al morir, su cadáver
debería exhalar un perfume mucho mejor que el de la Xkeban, pero para asombro de todas
las gentes que la creían buena y recta, comprobaron que a poco de enterrada comenzó a
escapar de la tierra floja, todavía, un hedor insoportable, el olor nausabundo a cadáver
putrefacto. Toda la gente se retiró asombrada.
En su idioma maya dicen los viejos que aún cuentan
la historia con todos los detalles que debió ocurrir en la leyenda, que hoy la florecilla
que naciera en la tumba de la pecadora Xkeban, es la actual flor Xtabentún que es una
florecilla tan humilde y bella, que se da en forma silvestre en las cercas y caminos,
entre las hojas buidas y tersas del agave. El jugo de esa florecilla embriaga muy
agradablemente, como debió ser el amor embriagador y dulce de la Xkeban.
Por: Diario de Yucatán /
Adaptación de Cityview
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