La Coa, instrumento de labranza que aun sobrevive


     Durante generaciones miles de yucatecos han utilizado para sus laborescoas.jpg (12420 bytes) agrícolas y de otra índole una herramienta de corte en forma de signo de interrogación: la coa, cuyo origen no se puede precisar pero que se sigue fabricando debido a que todavía conserva buena demanda.

     Ese instrumento, de mango largo y metal curvo, de un sólo filo, similar a la hoz, se elabora en pequeños talleres del interior del Estado, en improvisadas fraguas donde el acero de viejas sopandas de vehículos es destemplado para darle nuevas formas. Aunque su uso está muy arraigado entre la población indígena, su origen no es prehispánico porque los mayas no conocieron el metal. Este llegó junto con los españoles.

     Entre los tainos, indígenas pertenecientes al grupo lingüístico arahuaco, que habitaban en la zona del Caribe a la llegada de los conquistadores, se llamaba coa a un palo puntiagudo que se utilizaba para abrir hoyos en sus parcelas. El mismo instrumento recibe el nombre de "xuul" entre los mayas.

     En su mural sobre la Guerra de Castas que se encuentra en el Palacio de Gobierno, el pintor Fernando Castro Pacheco representó a los sublevados mayas armados con largos machetes y no con las tradicionales coas o corvas, como se les conocía antes cuando su forma era más alargada. Según se averiguó, los campesinos prefieren una buena coa para ciertas tareas del monte en lugar de un machete, porque este último requiere de un movimiento más amplio para hacer el corte y es más probable que se enrede en bejucos y ramas. Sin embargo, para otras labores es insustituible el machete o el hacha, que sin embargo no igualan la facilidad de usar la coa para pelar una naranja o abrir un coco para tomar el agua.

     El tamaño de las coas se define por su función ya que las grandes sirven para corte de troncos; las medianas y chicas para chapeo o desyerbe, respectivamente.

     El que adquiere una coa puede elaborar el mango que lleva esa herramienta, o bien adquirir uno torneado que se fabrica en una carpintería de Kanasín y que distribuyen los mismos establecimientos que venden el instrumento metálico.

     La decadencia en el uso de esa tosca herramienta de corte, de color negro y filo plateado, vino con la caída de la actividad milpera y henequenera, y se observa con la desaparición de talleres dedicados a su manufactura. En Mérida hay una herrería de la colonia Bojórquez que ahora sólo las fabrica por encargo. En Hoctún, en el corazón de la zona henequenera, todavía funcionan cuatro fraguas para forjar metal, y hay otras más diseminadas en Acanceh, Ticul, Hocabá, Maxcanú e Izamal. En todos los casos la fabricación se realiza a base de fuego y golpes, para doblar el metal y darle nueva forma. De los talleres salen al día 15 piezas medianas - son las de mayor demanda- elaboradas en una jornada de 12 horas. La materia prima la constituyen sopandas de vehículos que se adquieren en "deshuesaderos" de Mérida. Las piezas son calentadas al rojo vivo para luego cortarlas -con cincel y mazo- en pedazos de 20 centímetros cada uno, que se convertirán en coas luego de un cansado proceso de calentamiento y golpes para aplanarlos, darles forma y doblarle la parte donde irá el mango. Una vez lista la pieza, se somete de nuevo al fuego para dejarla alineada. Este proceso se completa con un esmeril que también proporciona el filo. Finalmente viene la parte más importante: devolverle al acero el temple perdido en la fragua, para lo cual se calienta hasta que toma un tono azulado -no debe llegar al rojo- y luego se introduce en un recipiente de aceite quemado. Si ese último proceso sale mal, el metal no tendrá fuerza.

     Las herramientas principales son los yunques, que pesan de 120 a 150 kilos, así como cinceles, tenazas, mazos , esmeriles y un fogón construido de piedra y alimentado con carbón de "tzalam" o "chucum" y un fuelle metálico. Esas herrerías también fabrican, por encargo, hachas, machetes, martillos de albañil, barretas, picos y cinceles, herramientas que quizá en un futuro no muy lejano sean su principal fuente de ingreso ante la menor demanda de la coa.

 


Por: Diario de Yucatán / Adaptación de Cityview

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