La Vaquería
En las
tradicionales fiestas que realizaban los ganaderos, ignoramos hace cuanto
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tiempo, en recuerdo de
las clásicas verbenas españolas tuvieron lugar nuestras vaquerías en ocasión de la
hierra de las reses y su acostumbrado recuento anual. Allí se bailaban las jaranas, una
de las primeras variantes fue "el Torito".
Las vaquerías son bullicio y diversión, las mujeres destacan con coloridos huipiles y
rosarios de filigrana. Los hombre, guayabera blanca inmaculada y elegantes alpargatas.
Luego de un rato de baile, alguien grita "Bomba". Se detiene la orquesta, el
baile se interrumpe para que alguno de los actuantes exprese los agudos decires de las
"bombas", cuartetas que pueden llegar a ser madrigalescas, descriptivas,
satíricas, pero frecuentemente picarescas, donde aflora el innato sentido del humor del
yucateco.
La Canción Yucateca

La canción yucateca florece
a fines del siglo pasado con determinante influencia Europea y va adquiriendo influencia
cubana con la guaracha, el bolero, la danza y la clave, recibiendo finalmente influencia
colombiana con el bambuco. Así la canción yucateca es el feliz resultado de una
confluencia de razgos de diferente culturas, pasada por el tamiz de nuestra personalidad
mestiza. Algunos de los músicos y compositores yucatecos con mayor trascendencia son:
Cirilo Baqueiro (Chan Cil), Fermín Pastrana (Huay Cuc), Antonio Hoil; en otra generación
tenemos a: Ricardo Palmerín, Guty Cárdenas y Pepe Domínguez. En los tiempos actuales,
nuestros compositores más destacados son Pastor Cervera y Sergio Esquivel.
EL Hanal Pixán

En todos los países
civilizados es costumbre conmemorar el día de difuntos con diversas manifestaciones de
duelo que dedican a sus deudos muertos.
Estas prácticas se concretan a oraciones, rosarios de ánimas, ofrendas florales y
visitas a los panteones. Entre nosotros, en América, en casi todas partes, se encienden
lámparas sobre los sepulcros y hay paseo general de campos santos e iluminan los lugares
donde han enterrado a los muertos.
En Yucatán,
entre los indios mayas, se observa una costumbre que viene desde sus ancestros: costumbre
netamente maya mezclada, después de la conquista, a prácticas piadosas conforme al
ritual católico. Obra es ásta, de los franciscanos; quienes, no pudiendo desarraigar de
golpe, en la raza conquistada, sus antiguos ritos idolátricos, toleraron ciertas
prácticas que no se oponían al dogma: como honrar a sus muertos, ofrecer presentes,
encender velas y quemar resinas aromáticas. Existe, pues, hasta la fecha entre los
indígenas mayas, una práctica piadosa que tiene por origen la sagrada veneración que el
indio tiene por sus deudos muertos, a quienes sepultan en el interior de sus hogares.
Historiadores y
cronistas, como Fray Diego de Landa y Cogolludo, aseguran, -estudiando costumbres de
la raza aborigen,- que entre los mayas no exitían cementerios en sus ciudades. El
maya,-dice el cronista-, sepulta sus muertos en su propia morada. El entierro de sus
deudos lo hacía cada habitante a espaldas de su casa, en un recinto o patio libre de
malezas y bien barrido, donde era abierta una fosa y en la misma tierra, sin ataúd,
colocaban el cadáver introduciéndole en la boca cierta cantidad de masa de maíz bien
cocida, llamada "keyem" para que pudiera alimentarse mientras reposaba.... Hecho
el entierro, colocaban una señal para identificar la tumba. Generalmente consistía ésta
en un corralejo de dos metros en cuadro, hecho de varillas o palos:
"coloc-ch". Y en tiempos de la colonia marcaban aquellos sitios con una
tosca Cruz de madera que colocaban dentro del cuadro.
Debido a esta práctica
indígena de sepultar los muertos en casa para tenerlos cerca, a fin de poderles ofrendar
presentes que consistían en alimentos, frutas y ceras, nació la costumbre de hacer en
los días de difuntos los "pibil-uahes" o "mucbipollos: vianda en forma de
tamales envueltos en hojas de plátano con que obsequian, en esos luctuosos días, a las
almas de sus parientes muertos. De ahí el "Hanal-Pixan", que quiere decir:
"banquete de las ánimas".
En las casas y en los
campos, colocan los indios jícaras de atole nuevo y cajetes de comida dedicados a los
difuntos; y creen firmemente que, invisibles, descienden las almas a tomar una parte de
ella, que es lo que llaman "tomar la gracia".
Es costumbre tradicional en
la República, como en todo el mundo, llevar en los días de muertos, ofrendas florales y
coronas a los panteones.
En México,
además de estos presentes, fabrican en las pastelerías un pan de harina de trigo, con
mucha azúcar encima, llamado popularmente "Pan de Muerto"; así como que
confeccionan calaveras de dulce, bien adornadas, que obsequian a sus amistades.
En Yucatán, esta costumbre
es distinta a la del resto de la República y, quizás, de todo el mundo. Desde el 1o. de
noviembre, día de Todos los Santos, y dedicado a los "chiquitos" (los niños
muertos), se confeccionan unos bollos de harina de trigo, en forma de figurillas de
animales y muñecos, para ofrecer a las almas de aquellos. El 2 de noviembre, día de los
Muertos, fabrican los indios unos enormes pasteles redondos, como de treinta centímetros
de diámetro, hechos de masa de maíz y manteca, rellenos de pollo y puerco y
condimentados con tomate y chile, que resultan muy sabrosos.... Estas tortas de maíz
envueltas en hojas de plátano, -como tamales-, son cocidos a guisa de barbacoa en un gran
hoyo bajo de la tierra, o "pibil-pollos"; palabra híbrida muy popular.
Además de estos pasteles,
entierran en el horno subterráneo, bien calentado con leños y piedras, calabazas
grandes, de preferencia la "dzol", j¡camas, camotes, mazorcas de maíz tierno,
(pibinales) y unas tortas de masa y frijoles llamadas: "pibil- xpelón". Y una
vez cocidos estos alimentos y humeantes aún, los depositan en pequeñas mesas, alumbradas
con velas de cera, debajo de los árboles del patio y cerca de las sepulturas de sus
familiares; así como sendas jícaras de sabroso "tan-chucua",atole que fabrican
con masa de maíz, cacao, pimienta y anís, a modo de "champurrado".
Estas viandas pasan toda la
noche del 1o. al 2 de noviembre, en esos pequeños altares, debajo de los árboles. Y
cuando las almas de los difuntos "han tomado la gracia", los familiares de
aquellos meriendan los "mucbilpollos", tómanse el atole y
"pibilnales" entre libaciones de "balché" y otras bebidas
embriagantes....
Así termina la ceremonia del "Hanal-Pixán" entre los mayas. Tal es el origen
de esta costumbre tradicional entre los yucatecos, todos, hasta los que estamos lejos de
nuestra tierra!.... Y tan arraigada está, que hasta las familias acomodadas, impelidas
por la fuerza de la tradición, confeccionan estas exquisitas tortas, en el Día de los
Difuntos, sin practicar la ceremonia india, naturalmente. Y no es raro ver en Mérida, la
víspera del 2 de noviembre, a los criados de las casas, llevando por la calle, en enormes
bandejas, estos ricos pasteles para obserquiar a sus amistades; costumbre de la que, hasta
hoy, no ha prescindido nuestra creciente Colonia Yucateca en la capital.
Por: Diario de Yucatán /
Adaptación de Cityview