Actualmente, la mayoría de la gente conoce como
característico de la indumentaria maya el huipil y la guayabera, ya descritos
extensamente en este mismo sitio. Pero poco se sabe sobre la vestimenta utilizada por
nuestros ancestros antes de la conquista española.
En esas épocas prehispánicas, el hombre maya usaba el maxtlatl - ex en lengua maya - de
mil maneras. La gente de alcurnia usaba bandas anchas, con los extremos decorados con
tejidos complicados, o con anchos flecos de anudado, o bien con adornos formados con
plumas, conchas o cuentas, y figuras labradas en piedras preciosas. Algunas estelas y
figurillas muestran esta prenda como una obra de arte en sí misma, bien estructurada y de
gran plasticidad. En ocasiones se usaba una tela más ancha, para formar una especie de
delantal o falda muy corta. Otras veces eran verdaderas faldas, sujetas a la cintura con
un cinturón decorado con tejidos especiales o piedras preciosas y, ramatados adelante y
atrás, con broches de piedra labrada, generalmente en forma de caras. Algunas faldas eran
muy cortas, tapaban apenas el vientre; otras cubrían medio muslo y otras llegaban hasta
el tobillo. Las faldas estaban hechas de tejidos complicados, de pieles, de redes que
cubrian lienzos lisos, de plumas y otros adornos cosidos a la tela.
Los hombres calzaban
sandalias, integradas por una plantilla sujeta al pie mediante correas que pasaban entre
los dedos y se ataban alrededor del tobillo, y por una ancha banda de piel, tela, o fibra
dura que cubría el talón. Estos cactles estaban adornados de muchas maneras,
algunos con complicadas representaciones de deidades.
Los hombres usaban el cabello largo, se recortaban una
parte en lo alto y se amarraban el pelo a manera de cola de caballo; este tocado se
adornaba de muy diversas maneras; con manojos de plumas, flores naturales, pájaros
completos de rico plumaje. En muchas ocasiones no se veía el cabello, porque quedaba
cubierto por un turbante o un gran sobrero de copa alta. Había tocados en forma de cabeza
de jaguar, de un pájaro, de una serpiente o de algun otro animal. Otros tenían
complicadas estructuras con representaciones de dioses, adornos de piedras preciosas y una
cascada de plumas que caían hacia atrás; seguramente tenían un marco de madera ligera o
de fibra dura, sobre el cual se construía el penacho, usando para ello pieles, telas,
plumas o papel indígena.
Los adornos que usaban los hombres, eran los
collares, a veces tan anchos que formaban verdaderas capitas; los pectorales y los petos
elaborados; las pulseras formadas por muchas sartas de cuentas verdes; las orejeras
complicadas, compuestas de una rueda ajustada a la oreja y un tapón alargado qua a veces
representaba figuras variadas, y los broches para el ceñidor o la capa. En figuras maya
posteriores al año 750 D.C. se observan algunas narigueras; los adornos estaban hechos de
variados materiales, como de piedras verdes, formando cuentas, canutos lisos o labrados
con complicados dibujos de deidades, seres humanos, glifos y símbolos cósmicos; de
caracoles y conchas al natural o grabados, de hueso tallado, de colmillos de algunos
animales, de plumas preciosas, etc.
Las mujeres de alcurnia generalmente portaban un huipil ancho y largo, suelto o
amarrado sobre la cadera. Una característica especial de esta prenda
era la costura lateral de los lienzos, adornada con una especie de cordon labrado. Algunos
huipiles eran cortos, de tejido delgado, transparente y adornado con dibujos hechos con
técnica de brocado. En el Cenote Sagrado de Chichen-Itzá se encontro un fragmento de un
tejido elaborado con esa técnica.
También había huipiles en los que el lienzo de
enfrente era mucho más corto que el de atrás, lo cual da a la prenda en aspecto de capa.
En algunos casos la parte delantera era recta, en otros se nota francamente redondeada.
Exitía una técnica especial de tejido, mediante algunas de las orillas terminaba en
escalera; en una figurilla de Jaina se aprecia una greca terminal de un huipil que
probablemente fue hecha de esa manera.
Las alhajas de las mujeres maya eran tan ricas y variadas como las de los
hombres. Usaban el pelo largo y lo peinaban de varias maneras; en muchas ocasiones el
tocado formaba complicadas estructuras que ocultaban la cabellera. Acostumbraban también
un adorno especial integrado por una a tres ruedas colocadas sobre la frente, en el
entrecejo.