El movimiento revolucionario mexicano se inicia el 20 de noviembre de 1910,
siendo uno de sus ideólogos Francisco I. Madero.
Sin embargo, en Yucatán, la Revolución tarda exactamente
cinco años en llegar, pues la posición peculiar de la península de Yucatán, que sólo
permitía acceso por mar, la había aislado de las principales corrientes políticas
mexicanas. A partir de 1910, este aislamiento geográfico había dificultado que los
revolucionarios locales tuvieran noticias del avance del movimiento en el resto del país.
Otro factor fue la arraigada renuencia de los gobernantes de
Yucatán a unirse a la marea revolucionaria. El derrocamiento de la dictadura de 34 años
de Porfirio Díaz, de nivel nacional, tuvo escaso efecto en Yucatán. Y las ideas de
Francisco I. Madero, a quien los mexicanos veían como un verdadero David enfrentándose
al Goliat porfiriano, tuvieron poca repercusión entre los yucatecos, y aunque entre 1909
y 1910 surgieron varios episodios de protesta rural en Yucatán, ninguno estuvo inspirado
por la cruzada emprendida por Madero para limpiar la política.
Dichos episodios fueron: en 1909, un grupo denominado Centro
Electoral Independiente, trata de oponerse a la reelección cono gobernador de Yucatán de
don Enrique Muñoz Arístegui, junto con el Club Antireeleccionista presidido por el Lic.
José Ma. Pino Suárez. El Centro Electoral Independiente inicia sus actividades
proselitistas tanto en Mérida como en el interior del estado.
Los directivos del dicho Centro, encabezados por Alfonso
Cámara y Cámara, comprendieron que luchaban desventajosamente para lograr por los
procedimientos democráticos su triunfo, por lo que un día del mes de octubre de 1909,
don Alfonso Cámara dice que es inevitable una actitud resuelta para dominar la
situación, así que deciden tomar la ciudad en la noche del 14 de octubre de 1909, sin
embargo el golpe fracasa y los cabecillas son encarcelados. Seis meses después, a fines
de abril de 1910 se trata de reorganizar el movimiento para desconocer a don Enrique
Muñoz Arístegui. El 3 de junio de 1910, los caudillos de este nuevo movimiento,
Maximiliano R. Bonilla y José Crisanto Chí, toman la ciudad de Valladolid, el sitio dura
cinco días, pues el 9 de junio, el grupo armado del gobierno, que superaba en hombres y
armas a los rebeldes, recupera Valladolid.
El escarmiento a los revolucionarios de Valladolid, lejos de
restablecer la quietud y la obediencia de otros días, despertó en todo el estado un
sentimiento general de protesta, y el nombre de Francisco I. Madero comenzaba a
pronunciarse con respeto y admiración; adquiría la significación simbólica de los
bienes que ambicionaba el indio: libertad, justicia y mejoría económica.
Pero es hasta 1915, con la llegada del General Salvador
Alvarado a Yucatán cuando comienzan a sentirse los aires revolucionarios. Y aunque hubo
una intensa actividad en pos del apoyo popular para legitimar al ejercito
constitucionalista de Alvarado, la sensación de que era una fuerza invasora nunca dejó
de existir, por lo que para Yucatán el movimiento revolucionario fue una Revolución
desde afuera