El
terno, atuendo de fiesta de la población del campo, es uno de los símbolos que
caracterizan a la cultura Yucateca, junto con el huipil o hipil, como comúnmente le
llamamos los yucatecos, este es el atuendo cotidiano para la mujer campesina.
El arqueólogo Sylvanus Morley, en su libro La civilización
Maya, nos da una descripción del traje yucateco, basándose en fuentes históricas y
menciona que aparentemente el vestido de la mujer maya no ha variado mucho desde la época
prehispánica, y se le conocía con el nombre de "kub", palabra que en la
actualidad se ha perdido, ya que ahora se llama huipil, que es una palabra nahuatl.
El huipil o hipil es un vestido blanco, suelt
o, del mismo ancho desde arriba hasta abajo, cosido lateralmente, con
dos aberturas para los brazos y otra de forma cuadrada para la cabeza, las cuales, junto
con la parte inferior del vestido están decoradas con vistosos motivos bordados. Debajo
del hipil se usa una enagua larga y amplia llamada fustán ("pic" en maya), que
en ocasiones tiene bordada la parte inferior.
El terno, como su nombre lo indica, consta de tres piezas:
jubón, huipil y fustán.El primero es un cuello cuadrado con un ancho de 30cm aprox.
sobrepuesto al huipil, el jubón es una pieza bellamente decorada con motivos bordados, su
encanto radica en el escote cuadrado que deja libre parte del pecho y la espalda, con
delicada audacia. El huipil es el vestido cuadrado que cubre el cuerpo de la mujer hasta
media pierna, la parte inferior está decorada de igual
forma que
el jubón. Por último, el fustán o fustán, es un medio fondo rizado que se ajusta a la
cintura con una pretina de la misma tela, debajo del huipil, y llega a cuatro dedos de los
tobillos, y está decorado con encaje y bordados.
El bordado se puede hacer de diferentes tipos, el más
bello, y también el más complicado es el xocbichuy, o punto de cruz, el cual se hace a
mano. Los bordados se combinan, en ocasiones, con la técnica de "manicté" (del
maya xmanikté), que es un calado o deshilado a mano para formar figuras o flores mediante
amarres. Algunas prendas tienen únicamente adornos de este tipo, lo cual muestra la
laboriosidad y el gusto de la mujer por la confección del vestido. En los pueblos aun se
puede observar la veterana, clásica estampa de una mestiza sentada en un banquillo, en el
patio o a la puerta de la casa de paja, bordando pedazos de raso, chermés, dacrón o seda
que más tarde engalanarán algún terno.
Se ha dicho que el bordado policromo que adorna los ternos,
rivaliza en riqueza de dibujo toda la gama de flores del trópico: guirnaldas de hojas en
las que comulgan todas las tonalidades del verde, que se mezcla con guías de flores,
"Xalíes" o campanillas azules, violetas moradas, lilas, purpúreas y
amarillas, claveles reventones, abiertos y encendidos, florones
escarlata, rosas rojas, flores silvestres anaranjadas. Tal es el vibrante colorido que se
nos mete en los ojos la impresión de haber visto un relámpago de flamboyanes
despertándose ante uno de esos crepúsculos del Sureste.
El elegante terno de mestiza de buena casta, se complementa
con un fino rebozo de santa María y con el rosario de filigrana, que el orfebre yucateco
realiza, tejiendo el oro con la magia de sus manos, convirtiéndolo en largas cadenas de
tres y cuatro vueltas para adornar el cuello de la mestiza elegante, y a cuyo final pende
la venerada cruz del Salvador.
El traje de gala masculino consta de una filipina de lino blanco,
con botonadura de oro, pantalón blanco, completandose el conjunto con un elegante
sombrero y alpargatas,